El “ómnibus” tiene muchos pasajeros pero no es imparable

El “ómnibus” tiene muchos pasajeros pero no es imparable

4Feb24 0 Por Daniel Campione

El desprolijo y para muchos desconocido texto, aprobado por la “cámara baja” el viernes dejó jirones del proyecto original en el camino, en medio del apoyo vergonzoso de parte de la oposición y la firme expresión en el recinto y en la calle de quienes repudian la norma en ciernes.

Tras la aprobación en general por la Cámara de Diputados de la apodada “ley ómnibus”, con participación de casi todos los bloques llamados de “oposición” menos la izquierda y Unión por la Patria, los columnistas de los grandes diarios no dejaron de manifestar cierta complacencia y un optimismo algo forzado ante el hecho. Pero los acompañaron por múltiples reparos.  En la misma línea se expresaron les diputades que aspiran a dadores de “gobernabilidad” y de “los instrumentos que el gobierno necesita”.

Se habló de “magra” o “pírrica” victoria, ya que todavía aguardan al oficialismo arduas instancias en la votación en particular en diputados y, en similar o mayor grado, en el tratamiento por el Senado. Faltan varios peldaños en el trayecto de una escalera cuya construcción se hace difícil.

La mellada dirigencia partidaria y los intelectuales orgánicos del establishment marcan reticencias hacia la gestión que aún no cumplió dos meses. Sin embargo no dejan de saludar la posible aurora de una “nueva época”, signada por brillantes oportunidades de negocios, un disciplinamiento social inédito y una redistribución regresiva de los ingresos inusitada. Esto último aún para los elevados parámetros de anteriores gobiernos neoliberales en nuestro país.

La agenda “republicana” pasa mientras tanto a segundo plano o a ninguno, desnudando su carácter instrumental, que sólo la aplica frente a presuntos “populismos de izquierda” o “socialismos”. El agregado “de izquierda” se hace menester ahora, ya que no dejan de señalarse los atisbos “populistas” del liderazgo de La Libertad Avanza (LLA)

Se escribió y se habló asimismo sobre los riesgos innecesarios que toma Javier Milei con su supuesta reticencia a cualquier negociación o concesión. Y la pertinacia en su talante antipolítico, más en “plan campaña” que en función de gobierno. También preocupa a quienes desearían su éxito la autopercepción como “iluminado”, que no necesita a nadie más para cumplir su misión.

Nicolás Massot y Miguel Ángel Pichetto. Hartos del gobierno pero protagonistas de la aprobación

Los legisladores de bloques complacientes se quejaron a su vez, y ya es reiterado, de la improvisación, la incoherencia, la falta de interlocutores autorizados que aquejan al gobierno. Y se manifiestan agotados por las idas y vueltas de las negociaciones y la carencia de sensibilidad política del presidente.

No faltó el legislador que dijo sin tapujos que “esto no puede seguir así durante cuatro años.” Y menudean las especulaciones en torno a si el gobierno mantiene su base de apoyo o sufre un acelerado proceso de pérdida de popularidad. Como de costumbre, la apreciación varía según el cristal de las encuestadoras con que se mira. Las simpatías políticas de sus directivos, o, en un plano más grosero, las afinidades de las billeteras que les pagan, condicionan como es usual a los estudios respectivos.

En lo que sí hay mayor acuerdo es en que si se mantiene e incluso profundiza el pantano de inflación desbocada, recesión y pérdida de ingresos de variados sectores, el descontento aumentará hasta niveles difíciles de controlar.

Los apoyos y los mandantes.

Más allá de comentarios y evaluaciones sobre la suerte del proyecto legislativo en debate, se necesita caracterizar con claridad y precisión lo que hace la llamada oposición “amigable”, que sería mejor calificar como “colaboracionista”.

Quieren apuntalar al gobierno de Milei no por identificación con el mandatario, sino debido a la amplia gama de beneficios que abre en la perspectiva del gran capital. Les diputados de los bloques afines no quieren sacar por nada del mundo los pies de ese plato. Se impone entonces el pragmatismo.

Asimismo juegan su papel el “toma y daca” de preservación de los intereses de algunas provincias y la finalidad de garantizar la estabilidad de los cargos que los “opositores” han rapiñado en el nuevo gobierno, entre otros factores.

Con todo, hay que manifestar una vez más que no puede reducirse al padre de “Conan” a “loco” ni “tiro al aire”. Más allá de que su personalidad responda o no a esas nociones, viene a realizar un programa de máxima a favor de amplios sectores del gran capital. Y eso con toda la brutalidad y velocidad que los intereses más concentrados hayan concebido aún en sus mejores sueños,

El apoyo de lo más granado del gran capital a la aprobación en general fue público e inequívoco. Se percibe con claridad en las declaraciones de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), la organización de grupos económicos encabezada por Clarín y el grupo Techint. Manifestaron complacencia ante la perspectiva de desregulación generalizada, disminución de tributos, privatizaciones. Y con el “premio mayor”, la derogación o reforma regresiva de la legislación laboral que habilitaría una ofensiva “recargada” del capital sobre el trabajo.

¿Les interesa mucho el destino político de la gestión de La Libertad Avanza? Hay margen para dudarlo. ¿Son indiferentes a la inexperiencia y las excentricidades del presidente? No necesariamente. Pero con obvio olfato de clase, privilegian las utilidades que pueden obtener, en algunos casos gracias incluso a la vocación por el disparate del nuevo gobierno. El proyecto de liberar la explotación minera en áreas de glaciares es un ejemplo entre muchos posibles.

Asimismo se ha exhibido en los últimos días el respaldo de las multinacionales de las finanzas o el mundo virtual, que departen en tono amable con el presidente, a la caza de grandes negocios. Sendos directivos de Tinder y del fondo Black Rock fueron los postulantes de la semana que pasó.

“Insobornables” en su acompañamiento son además las autoridades del Fondo Monetario Internacional (FMI), que en el último informe, que acaban de emitir, apoyaron casi en toda la línea el ajuste y las “reformas de mercado” en curso. Y hasta dieron licencia para algunas medidas no tan ortodoxas pero acordes con los grandes intereses. Qué más le podrían pedir a un gobierno que persiste en el propósito de una supresión del déficit fiscal que va aún más allá de las pretensiones del Fondo.

No parece preocupar al FMI ni al capital local y trasnacional que tras la cobertura “alberdiana” de “Bases y puntos de partida…” se ocultan incoherencias sólo explicables por la servidumbre hacia los intereses de determinadas grandes empresas. Así por ejemplo, que el proyecto de ley no se manifieste sobre los más de 1000 millones de dólares anuales en beneficios impositivos que reciben las empresas electrónicas radicadas en Tierra del Fuego. Que uno de los mayores propietarios de ese núcleo empresario sea primo del ministro de Economía tiene sus ventajas, no cabe duda.

Apúntese de paso que el primer mandatario procura también sustento a nivel de jefes de Estado, en función de intereses geopolíticos y económicos. El lunes viaja a Israel, su aliado de preferencia junto con EE.UU. Con certeza aprovechará la oportunidad para aplaudir la política genocida del gobierno israelí en Gaza.

Poco le interesa cualquier consecuencia que el país pueda sufrir. Llevar su alineamiento con “Occidente” hasta la sobreactuación es su prioridad excluyente en materia de política exterior.

El desborde represivo y la temprana resistencia.

Cualquier comentario vinculado al debate parlamentario en curso quedaría muy incompleto si no se asigna gravitación a la escena de confrontación callejera y a los desmanes cometidos por la ministra de Seguridad y sus subordinados contra los manifestantes.

Supuestamente en aras de cumplir el “protocolo antipiquetes”, pero en el fondo al servicio de expandir el terror, de hacer sentir a quienes protestan que pueden terminar golpeados, heridos e incluso encarcelados.

Un menú de tres noches de palos, gases, balas de goma y detenciones arbitrarias, ha sido servido por varias fuerzas federales (Policía Federal, Gendarmería, Prefectura, Policía de Seguridad Aeroportuaria). Más la Policía de la Ciudad, ausente en la plaza pero que efectuó redadas en las inmediaciones.

La sola enumeración de la lista de atropellos represivos, que confeccionaron varios organismos de derechos humanos y agrupaciones de abogades resultaría tediosa si no fuera por la gravedad que alcanza. Entre los peores estuvo el de algunos arrestados paseados en camiones de las fuerzas de “seguridad” durante horas, sin que nadie pudiera ubicar a los detenidos. Las resonancias de prácticas dictatoriales atruenan.

Junto a la condena indispensable del uso de la arbitrariedad y la fuerza ilegal contra quienes tomaron parte de las marchas, es indispensable el destaque del espíritu de resistencia y lucha que animó a les manifestantes.

No se amilanaron frente a los embates y le pusieron el pecho a las demasías de la “autoridad”. Los uniformados tuvieron que desplegar todas sus capacidades (incluidos al menos un carro hidrante y dotaciones de bomberos) para literalmente “apagar” las muestras de la lucha callejera, en forma de barricadas improvisadas o contenedores tomados por las llamas. Esta lucha constituye un ejemplo a seguir, agrandar y enriquecer.

La movilización de los de abajo y la capacidad de incrementarla y sostenerla en el tiempo pueden ser factores decisivos a la hora de impedir el saqueo y la supresión de conquistas sociales y culturales.

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Lo anterior encontrará un destino político más claro si se avanza en delinear una alternativa contrapuesta al programa compartido por todo el arco partidario convencional. Hablar de la profunda crisis que afecta al conjunto de la “clase política” es ya una obviedad.

Puede ser la chance para que organizaciones existentes y otras nuevas desplieguen sus potencialidades con una orientación anticapitalista. Tal que se articule con la propuesta ambiental, las reivindicaciones de género, la defensa de los pueblos originarios y el sostén de las manifestaciones de la cultura popular.

Como ha manifestado algún lúcido analista “la moneda está en el aire…”

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